




...sí, soy afortunado, vivo en una ciudad tan bella como San Sebastián, pequeña,recorrible de punta a punta andando, mientras de sus edificios afrancesados se va disfrutando, mientras de los pocos jardines que el frío cemento no ha ido suplantando, por culpa del poco sentimiento, de la escasa sensibilidad de quien nos viene representado, desde un edificio que en su día fué un Gran Casino, hoy Ayuntamiento, al que acudía gente de todo lugar, de Francia, de la Península, Reyes, Jeques, Príncipes Arabes, aviadores célebres, actores y actrices de renombre universal....¡Hagan juego señores, hagan juego! Sus salones, repletos de mármoles preciosos, de lámparas de mil destellos, de cuadros de los mejores pintores, conducían, la mayoría de ellos al Gran Salón de Baile, con palcos en su entresuelo, con grandes ventanales cubiertos de vidrieras pintadas por pintores geniales, encajándolas en sus plomadas, para que vivieran casi inmortales: hoy aún se ven, majestuosas, guardianas de secretos a millares, de fortunas dilapidadas en juegos infernales, en la vana intención de hacerse con grandes capitales.
En ese antiguo Gran Salón de Baile, hoy se celebran bodas civiles, algunos conciertos de instrumentos de cuerda y aire, algunos eventos con entrega de medallas para premiar a alguien.
Sí, soy afortunado, desde mi humilde casa puedo ver un trocito de mar, de ese mar que parece pertenecer a my muy lejano pasado, de un modo indudable, casi inevitable, y en un pis, pas, estoy en la playa, mi querida playa, de arena fina, casi blanca, que me lleva hasta la orilla para jugar en el agua al juego que más me place, nadar, dejando que el agua mi cuerpo abrace, suavemente, con manos en forma de olas de agua fresca que relajan mi mente y enaltecen mi sentimiento hasta llegar a pensar que estoy en el útero materno, en el que me desenvuelvo, libre, sin atadura a nada terreno,.
No piense nadie que es una fijación ni un síndrome, es tan sólo puro placer, creedme, nadar en el mar me hace sentir más libre, pensar que sería otro mi destino de no haber nacido hombre.
Soy muy afortunado, creedme, cuando al atardecer camino de la mano de mi pareja, por el Paseo Nuevo, abajo las olas, a un lado la Isla de Santa Clara, al fondo el Monte Igueldo y a mi derecha el Monte Urgull, testigo de tantas tardes de verano pasadas en compañías de mis amigos, después con mi pareja...tantos recuerdos.... Lo más bello es apostarse sobre la barandilla, esperando el crepúsculo, contemplando el perfil de la costa, a veces se ve hasta Getaria y en días muy luminosos, hasta el cabo Machichaco...y hay afortunados que dicen haber visto el Rayo Verde, algo asombroso, por lo que dicen, y no es una ilusión, sino un efecto que se produce con determinadas condiciones ambientales...entonces se produce el milagro...¡El Rayo verde!, un resplandor que partiendo del punto central en que el sol estuvo, a ambos lados se extiende.
Soy muy afortunado, creedme..porque además de todo ésto, tengo una enorme fortuna...de la que vosotros formais parte.
Soy muy afortunado...creedme.....
Un abrazo a tod@s.