Es el Puente de María Cristina, afrancesado, el tercero de los puentes de Donosti, comenzando por la desembocadura del río Urumea al mar, hacia el interior. Sus cuatro torres embellecen las cuatro esquinas del puente, se camina bajo ellas, y van subiendo desde unos pilares cuadrados adquiriendo cada vez más ornamentos. En cada una de sus cuatro caras hay una especie de ojo de buey de cristal que permite el paso de la luz, y sobre ellos los ornamentos , en forma de arco, llevan en su centro, en lo más alto, el escudo de Donostia. Finalmente el conjunto se completa con una torre en disminución en lo alto de la cual hay una especie de jinete sobre un caballo/dragón. Son de una gran belleza y al mismo tiempo es como si acompañaran a los viajeros que se encaminan al tren pues el puente desemboca por uno de sus lados en la misma Estación del Norte, mientras que del otro acaba, tras una corta calle, en la Plaza de Bilbao, en medio de la cual, una hermosa fuente de agua alegra el entorno con su sonido y sus juegos de formas....detrás, justo detrás, treinta metros nada más vemos la torre de la Catedral, la del Buen Pastor, del siglo XIX, desde cuya entrada, en línea recta, podemos ver al final, la Basílica de Santa María, del siglo XVIII.
Este sketch lo hice una mañana de otoño, sobre las diez comencé a pintarlo y hacia las once lo daba por terminado. Sí, sé que quizá es mucho tiempo para un sketch, pero me gusta observar y observar, por si algún detalle importante me he dejado, algo que impida a quien mire el cuadro identificar plenamente lo representado....me alejo, lo miro, me acerco, pienso, e incluso a veces me asomé en esta ocasión a mirar el río, casi en calma, de agua medio vacío. El punto desde el que lo pinté se encuentra justo enfrente de la entrada principal de la Estación, en el Paseo de Francia, ocupado por bellos parterres, con esculturas de bronce, ó de hierro forjado de blanco pintadas, una fuente circular, pequeña, desde cuyo cuenco principal se derrama el agua, bajo los pies de unos angelotes que , jugando, ríen y danzan. Este paseo discurre entre el río Urumea y una fila de palacetes de estilo francés, señoriales, con patios internos y grandes verjas, de una altura en todos igual, de piedra de sillería, vestigio de unos años veinte en una Donosti señorial, de gentes modernas. Hoy van siendo destinos de diferentes negocios, pero al menos conservan su fachada y no hay carteles ni neones que afeen su enorme belleza.
Un abrazo a tod@s.


