En una mañana fría , gris, amenazante de lluvia, me encaminé con todos los trastos de pintar hacia una balconada que ofrece una magnífica vista hacia el convento/iglesia de San Luis y más atrás La Muela, impresionante masa rocosa que domina una parte del valle de la comarca de los Vélez.
Amedrentado por la falta de luz y por lo tanto de sombra, por el aspecto "plano" que ofrecía el paisaje, pasé a siluetear lo que luego dirigiría mi acuarela, y una vez hecho, comencé a manchar rápido, todo lo rápido que la humedad ambiental me permitía, porque el aire era frío y además acompañado de un alto grado húmedo. Lo que podría haber sido un trabajo de 40' se convirtió en una labor de hora y media, tras la cual estaba helado, un principio de catarro llevaba rato asomando a mi nariz y aquello, la acuarela, tardaba mucho en secarse para mi desesperación.
En un momento determinado, y ya cansado, dí el cuadro por terminado y me dirigí a un bar cercano a tomarme un cortado bien caliente que templase mi interior, y algo también mis manos: no me gusta trabajar con guantes, ni aún con los llamados de "dedos cortados", siempre he pensado que "Gato con guantes no caza", así que tenía los dedos como témpanos, y la nariz, continuamente llorando.
Recogí los bártulos (Tarea de lo más ingrata , al menos para mí, cuando de intentar pintar algo más se trata) y caminando, caminando, llegué cerca del Hotel /Apartamento en que me alojaba, y busqué un lugar en que pintar, esta vez no iba a devanarme los sesos en buscar otro rincón que me inspirase, demasiado helado estaba, iba a pintar de memoria, tema libre, dije,y si me aburría ó el frío me asediaba de nuevo, entraría en el Hotel y me calentaría de nuevo.
Lo que subo es lo que pinté "en el primer tiempo", y tras el descanso y el café, pinté la segunda parte, la de tema libre, que en la próxima entrada subiré.
De unas jornadas de climatología incierta salieron unas acuarelas,
muchas de ellas, de calidez e intención manifiestas, otras de potencia en color
dispuesta, otras de atrevimiento, de creatividad selectas, las más , de corazón puestas en todas ellas.
Ni el frío ni el calor, que lo hizo, supusieron obstáculos para nuestra pintura,
cómo iba a serlo si llevamos dentro de nuestro corazón el amor por la acuarela,
Señora de las paletas, guía de los pinceles, Ama y Dueña de nuestros sentimientos,
a veces serios, contundentes, las más de las veces dulces y suaves, crisol de colores de
nuestros adentros emergentes.
Y qué decir del entorno, envoltura de cálidos colores, prendidos de los almendros, repletos de flores,llamando a pintarlos, a inmortalizar sus dones. Por no hablar de la gente, pobladora de Los Vélez, en este caso Blanco, amalgama de sentimientos y afectos, quizá hasta de amores, porque si hablamos de AMISTAD, esa palabra y su contenido, es un cofre revestido de bellos colores guardando un tesoro inmensamente rico en afectos, cariños y pulcros amores. Estuvimos en Almería, en Vélez Blanco....sí señores.
Un abrazo muy fuerte a tod@s.
P.D. Subo también unas fotos de una copa de rica cerveza, y de uno de los postres que nos sirvieron aquel día.... que me parecieron simpáticas.
