Un pedacito de mi Galicia querida es lo que hoy os subo, es una vista de la Ría de Muros, que me impresionó, como la gran mayoría de las Rías Baixas, por su emisión de serenidad, placidez, que entre ambas invitan a sentarse a la orilla y soñar. Fué hace cinco años, cuando con ocasión del Simposio de la Acuarela, celebrado en Santiago de Compostela, en pleno Año Xacobeo, y organizado por la Asociación de Artistas Galegos , ARGA, nos dirigimos mi mujer y yo a aquella maravilla de tierra, con la maleta llena de alegría, los pinceles afilados (un decir, claro) y la mochila de las ilusiones a tope, con un plus añadido de unos cuanto días de más para cuando acabase el Simposium recorrer las Rías Bajas, llegar hasta Tuy, pasar a Portugal fugazmente y volver por Pontevedra....bueno haré memoria otro día más tranquilamente, y me recrearé en aquel viaje, que tengo grabado en mi memoria a fuego, fué simplemente....entrañable.
Lo cierto es que si bien la ilusión era mucha, ya sabeis que "el hombre propone y Dios dispone", por lo que si ya iba algo tocado con una afección a la garganta y zona alta de los bronquios, allí acabé de tocar fondo y no pinté....¡Nada! Un apuntillo, sí, dos quizá, pero nada más, no me aguantaba ni yo. Recuerdo que en Porto Do Son, nos habían preparado una comida campestre en un magnífico pinar, y mientras teníamos tiempo de pintar, saqué los trastos, empecé a manchar, y no hice más que éso, no pude hacer más, así que visto que mi estado no mejoraba y hacía calor, me dije, al agua, que si no pillo pulmonía, a lo mejor arreglo algo....me bañé (Sí, estaba fría, muy fríaaaaa) y nadé bastante a gusto y cuando salí, el catarro ó lo que fuera no había mejorado, pero mi estado de ánimo mucho. La comida, deliciosa, sardinas asadas, churrasco, chorizos y embutidos asados, buen postre, sidra y albariño y de pronto aparece allá a lo lejos un monje con hábito y báculo caminando hacia nosotros y poco menos que maldiciéndonos, condenándonos, nos invita a realizar con él un conxuro que habría de devolvernos a nuestro estado de gracia.
Nadie se había percatado de la existencia de un enorme caldero que había sobre un incipiente fuego, y aquello se fué caldeando, el bruxo comenzó el conxuro, nosotros le hacíamos coro, el orujo iba llenando el caldero, en cuyo fondo había granos de café, azúcar, limón, y de vez en cuando metía un enorme cucharón que según pronunciaba sus horripilantes frases, iba dejando derramarse sobre el caldero, produciendo una espantosa llamarada.....cuando hubo terminado el conxuro nos condenó a beber de aquella pócima con la amenaza de no sacarnos del averno, y colocándonos en ordenada fila, fuímos siendo obsequiados de buenas tazas con aquel caldo.....os juro que no sé si salimos del averno, pero que cogimos un buen medio pedal, éso sí que lo sé, ¡¡Qué buena estaba la queimada!!
Otro día , con otro tema de Galicia, traeré aquí más recuerdos de aquellas deliciosas jornadas.
Un abrazo a tod@s.

