Volvemos a la sobriedad, esta vez a una paleta reducida al color azul proporcionado por un rotulador Tombo acuarelable, más el azul Ultramar, y un mínimo toque del Ivory, para las nubes cargadas de agua, en la acuarela que representa el embarcadero principal de Bellagio,en el lago de Como. La otra es una vista del mismo Bellagio, desde lo alto de una colina, desde la que se domina casi todo el Lago Como, al fondo los Prealpes y por tanto Suiza.
En la primera, utilicé el citado rotulador para encajar mínimamente los edificios del embarcadero y después con un pincel tipo chino, con sólo agua, lo pasé por los bordes de lo manchado con el rotulador, y fuí creando las sombras, los volúmenes, haciendo también una pasada por el agua del lago y en el cielo lo mezclé con el Ivory, para intensificar el plomizo que anuciaba lluvia.
Fué un trabajo de primera intención, rápido, sin más idea que la de sugerir lo que quería representar.
En la otra, desde la colina citada antes, y mientas nos preparaban la cena en un restaurante que abrieron sólo para nosotros por gentileza de Promobellagio, órgano parecido a la Oficina de Turismo, nos pusimos a pintar aquella vista panorámica que invitaba a quedarse a vivir allí una temporada. Creedme si os digo que aquella zona es mágica, las orillas del Lago Como están plagadas de pequeños pueblos a los que se llega, bien por una angosta carretera (por éso hay mucho motero, es un paraiso para ell@s), bien por el Lago, con un hidrofoil. Cada pueblecito tiene su iglesia, y son realmente encantadores. Hay villas verdaderamente lujosas a las que no se accede si no es por barco. Se me olvidaba decir que en esta acuarela empleé un poco de amarillo limón para darle un tono un poco verdoso a la lengua saliente de Bellagio hacia el Lago, y una pizca de rojo óxido, para simular tejadillos a lo lejos, de los pueblos lejanos.
Bien, creo que viene bien ir intercambiando los estilos, para no aburrir al personal, y para uno propio, no estancarse en algo ya machacado.
Un abrazo a tod@s.
