No sé qué me pasa hoy pero estoy como sin freno, necesito comunicarme, aunque sea por este medio; necesito contar cosas, "desnudarme" pictóricamente, compartir sucesos con amig@s...
Por éso quiero también subir este homenaje que me dí haciendo este tronco tan dibujado.
Por si no lo he dicho anteriormente, soy un apasionado del dibujo, adoro y valoro enormemente un buen dibujo, y aunque poco a poco voy desdibujando mis acuarelas, siempre hay debajo de ellas un dibujo previo, como guía para ir manchando, aunque al final me salga casi totalmente de ese dibujo inicial, que me ha marcado un comienzo en cada nueva obra.
Hace menos de un año se me invitó a participar en una colectiva con un tema específico: "El dibujo coloreado".....No os podeis ni imaginar la felicidad que aquello supuso para mí: Por fín podría explayarme a gusto con un cuadro dibujado a fondo. Pero hice un poco de "trampa". Vereis, me gustan muchas cosas, objetos de la naturaleza, como por ejemplo las hayas, porque tienen por supuesto vida propia, pero además son cambiantes de unas a otras y sorpresivas en sus amarres a la madre tierra. Os habeis internado alguna vez en un bosque de hayas en otoño? Los colores son para morirse de gusto, palabra. Habeis observado ese mismo bosque en invierno, en esos días grises, llenos de humedad? ¡¡Qué maravilla de verdes en los líquenes adheridos a sus troncos, a sus raices...!! Elegí un haya agarrándose a la tierra con fuerza, y exhibiendo al mismo tiempo su propia fortaleza. La dibujé con un rotulador fino, como si fuera una plumilla, me paseé a gusto por todo su tronco, vistiéndole de pliegues, sombras, pequeñas manchas, para prolongarlo en sus poderosas, admirables raices que se hundían en la tierra, para extraer su humedad y sus nutrientes, y lo rodeé de pequeños troncos, más atrás, como observándola con envidia, ó quizá protegiéndola de cualquier enemigo?
Tras el placer del dibujo vino el sufrimiento de la acuarela, no quería fastidiarlo todo con una pincelada de más (Eso ocurre , verdad?) y , lo digo sinceramente, con una paletina estilo hake, fuí cubriendo de un modo tenue y pensado sobre la marcha, cada rincón del cuadro: primero el fondo, cuidado Enrique, primero tienes que insinuar unos matorrales bajos, de suave color, luego un poco más cerca algunos árboles algo más intensos, y entre éstos y el tronco protagonista, manchas amplias aquí y allá de tonalidades varias para darle movimiento a la ladera (En mi primer contacto con la acuarela, alguien me dijo que las pinceladas debían seguir el sentido propio de cada cosa: si la ladera baja, de arriba abajo, si va de izqda. a dcha. también en ese sentido etc.) En todo momento tuve el cuidado de ir dejando blancos, segun pasaba la paletina, éso le proporciona texturas a la acuarela, y da motivo para pensar que son elementos en ella.
Finalmente me metí en el tronco y pensé cómo se sentiría vestido más a gusto; me decidí por unos tonos cálidos, eso abrigaría al tronco y lo acercaría más hacia el espectador, separándolo del fondo y dándole más protagonismo; también me cuidé de dejar blancos (juego rápido de muñeca), a su lado izqdo, que después fuí manchando de amarillo/amarillo verdoso para simular una enredadera, y después de ese proceso, ésto es lo que salió. Lo tengo en casa y no me desprendo de él, esté bien ó regular, pero en el proceso de su construcción hubo una especie de trabajo en común entre este tronco y yo, y no estoy loco, ésa fué la sensación que me quedó cuando lo terminé.
